Culturas de México por estados.
Cultura Olmeca:
Ubicada en los estados de Tabasco, y el sureste de Veracruz.
La cultura olmeca es el nombre de la civilización que se desarrolló durante el Período Preclásico Medio. Aunque se han encontrado vestigios de su presencia en amplias zonas de esta área cultural, se considera que el área nuclear olmeca —o zona metropolitana— abarca la parte sureste del estado de Veracruz y el oeste de Tabasco. Se desconoce, a cabalidad, la filiación étnica —esto es, quiénes son los antepasados de este pueblo—; sin embargo, hay numerosas conjeturas que han intentado resolver el problema de la identidad de los olmecas. En ese sentido, es necesario hacer la aclaración de que el etnónimo olmeca les fue impuesto por los arqueólogos del siglo XX, y no debe ser confundido con el de los olmeca-xicalancas, que fueron un grupo que floreció en el Epiclásico en sitios del centro de México, como Cacaxtla.Durante mucho tiempo se consideró que la olmeca era la cultura madre de la civilización mesoamericana.1 Sin embargo, no está claro el proceso que dio origen al estilo artístico identificado con esta sociedad, ni hasta qué punto los rasgos culturales que se revelan en la evidencia arqueológica son creación de los olmecas del área nuclear. Se sabe, por ejemplo, que algunos de los atributos propiamente olmecas pudiesen haber aparecido, primero en Chiapas o en los Valles Centrales de Oaxaca. Entre otras dudas que están pendientes de respuesta definitiva, está la cuestión de los numerosos sitios asociados a esta cultura en la Depresión del Balsas (centro de Guerrero). Sea cual haya sido el origen de la cultura olmeca, la red de intercambios comerciales entre distintas zonas de Mesoamérica contribuyó a la difusión de muchos elementos culturales que son identificados con la cultura olmeca, incluidos el culto a las montañas y a las cuevas; el culto a la Serpiente Emplumada, como deidad asociada a la agricultura, el simbolismo religioso del jade e, incluso, el propio estilo artístico, que fue reelaborado intensamente en los siglos posteriores a la declinación de los principales centros de esta sociedad.
Centros ceremoniales:
San Lorenzo
El centro olmeca más antiguo registrado es el de San Lorenzo (1150 a. C. aprox.),municipio de Texistepec, situado en la cuenca del río Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz. El inicio del florecimiento de la cultura olmeca en este sitio comenzó alrededor del año 1150 a. C., época de la que datan la mayor parte de las esculturas y elementos arquitectónicos que caracterizan a la cultura olmeca, muchos de los cuales se conservan en el sitio. San Lorenzo fue saqueado en el año 900 a. C., y las esculturas monumentales sufrieron un intento de destrucción; algunas se enterraron, y otras fueron trasladadas al centro ceremonial La Venta.
La Venta
Fue el centro ceremonial más importante de los olmecas. Esta antigua ciudad se distingue por representar el primer trazo arquitectónico planificado en el México antiguo, su arquitectura monumental de tierra, su gran acervo escultórico y sus ofrendas de jade, al igual que por sus ofrendas masivas, únicas en el mundo prehispánico. En los alrededores de La Venta se han encontrado vestigios culturales que datan de 1750 antes de Cristo, aunque la ocupación principal se concentra entre el 1200 y el 400 antes de Cristo. Cuenta con la pirámide más antigua de Mesoamérica y también se han encontrado cabezas colosales y tronos, que merecen especial reconocimiento por el hecho de que para construirlas, tuvieron que ser transportados los enormes bloques de basalto desde la Sierra de los Tuxtlas, a decenas de kilómetros de ahí, ya que por ser una zona pantanosa y arenosa, no había piedras. Se cree que pudo llegar a albergar hasta a 18.000 habitantes.
Tres Zapotes
El centro ceremonial de Tres Zapotes fue el último en desarrollarse. Es el más conocido porque fue el que sobrevivió hasta una época más cercana, pero la civilización olmeca que se desarrolló aquí fue una cultura ya en decadencia, no el esplendor que vivió en los centros ceremoniales anteriores.
Estos centros ceremoniales tenían función de ciudades, y en ellos se construyeron edificaciones de tierra y adobe, por lo cual han perdurado pocos restos. Se construyeron montículos con templos en la parte superior, lo que se podía considerar como un precursor de las pirámides mesoamericanas. También construyeron edificaciones en torno a patios centrales, característicos de las civilizaciones posteriores en la zona. Desde el 900 a. C. existen pruebas de bruscos cambios políticos; como muestra, el intento de destrucción de algunas de las cabezas olmecas.
La presencia olmeca se certifica en México (costa del Golfo, costa del Pacífico y altiplano central), principalmente en la zona costera del Golfo de México entre los ríos Papaloapan y Grijalva, pero también en lugares como Chalcatzingo (Morelos), Teopantecuanitlán (Guerrero).
El centro de su religión es el culto al jaguar, y aparece representado en la iconografía olmeca. Se le representaba con la característica boca olmeca, de forma trapezoidal, con las comisuras hacia abajo y el labio superior muy engrosado. En muchos casos con colmillos muy pronunciados, adornos supraciliares y el cráneo hendido. Siempre aparece representado de la misma manera. No se sabe qué tipo de dios pudo ser. Se cree que pudo ser el origen del dios de la lluvia, que se desarrollará posteriormente en muchos puntos de Mesoamérica.
Hay muchos animales considerados dioses, como el caimán, sapos, reptiles, todos animales de la zona. Normalmente, aparecen mezclados entre ellos, cabezas de unos y cuerpos de otros, creando seres mitológicos. En ocasiones para sus representaciones religiosas tienden a la abstracción, con lo cual no se sabe exactamente qué pudo significar.
Se cree que pudo ser una religión dinástica, sus dioses estarían relacionados directamente con los gobernantes, con los señores de los centros ceremoniales, gobernantes con poderes sobrenaturales, descendientes directos de las divinidades.
Es una religión compleja, que no se ha conseguido descifrar aún. Pero se cree que pudo tener toda una doctrina aceptada por el pueblo, para justificar, explicar y legitimar a los linajes gobernantes, las desigualdades sociales, las fuerzas sobrenaturales y establecer vínculos entre éstas y los gobernantes. La religión estaría institucionalizada, con un cuerpo doctrinal y su panteón. De esta forma también los líderes gubernamentales utilizaban un símbolo de una figura de animal para identificarse.
El centro ceremonial de Tres Zapotes fue el último en desarrollarse. Es el más conocido porque fue el que sobrevivió hasta una época más cercana, pero la civilización olmeca que se desarrolló aquí fue una cultura ya en decadencia, no el esplendor que vivió en los centros ceremoniales anteriores.
Estos centros ceremoniales tenían función de ciudades, y en ellos se construyeron edificaciones de tierra y adobe, por lo cual han perdurado pocos restos. Se construyeron montículos con templos en la parte superior, lo que se podía considerar como un precursor de las pirámides mesoamericanas. También construyeron edificaciones en torno a patios centrales, característicos de las civilizaciones posteriores en la zona. Desde el 900 a. C. existen pruebas de bruscos cambios políticos; como muestra, el intento de destrucción de algunas de las cabezas olmecas.
La presencia olmeca se certifica en México (costa del Golfo, costa del Pacífico y altiplano central), principalmente en la zona costera del Golfo de México entre los ríos Papaloapan y Grijalva, pero también en lugares como Chalcatzingo (Morelos), Teopantecuanitlán (Guerrero).
Religión:
Su religión desarrolló todos los temas importantes encontrados en los cultos posteriores. Tenían una religión politeísta, gran número de sus dioses eran relacionados con la agricultura y otros elementos como el sol, el agua, los volcanes, etc.El centro de su religión es el culto al jaguar, y aparece representado en la iconografía olmeca. Se le representaba con la característica boca olmeca, de forma trapezoidal, con las comisuras hacia abajo y el labio superior muy engrosado. En muchos casos con colmillos muy pronunciados, adornos supraciliares y el cráneo hendido. Siempre aparece representado de la misma manera. No se sabe qué tipo de dios pudo ser. Se cree que pudo ser el origen del dios de la lluvia, que se desarrollará posteriormente en muchos puntos de Mesoamérica.
Hay muchos animales considerados dioses, como el caimán, sapos, reptiles, todos animales de la zona. Normalmente, aparecen mezclados entre ellos, cabezas de unos y cuerpos de otros, creando seres mitológicos. En ocasiones para sus representaciones religiosas tienden a la abstracción, con lo cual no se sabe exactamente qué pudo significar.
Se cree que pudo ser una religión dinástica, sus dioses estarían relacionados directamente con los gobernantes, con los señores de los centros ceremoniales, gobernantes con poderes sobrenaturales, descendientes directos de las divinidades.
Es una religión compleja, que no se ha conseguido descifrar aún. Pero se cree que pudo tener toda una doctrina aceptada por el pueblo, para justificar, explicar y legitimar a los linajes gobernantes, las desigualdades sociales, las fuerzas sobrenaturales y establecer vínculos entre éstas y los gobernantes. La religión estaría institucionalizada, con un cuerpo doctrinal y su panteón. De esta forma también los líderes gubernamentales utilizaban un símbolo de una figura de animal para identificarse.
Mayas.
![]() |
| Extensión del territorio maya y su ubicación en el globo terrestre. |
La civilización maya habitó una gran parte de
la región denominada Mesoamérica, en los territorios actuales de Guatemala,
Belice, Honduras, El Salvador y en el comprendido por cinco estados del sureste
de México: Campeche, Chiapas, Quintana Roo, Tabasco y Yucatán, con una historia
de aproximadamente 3000 años.
Durante ese largo tiempo, en ese territorio
se hablaron decenas de dialectos que dieron lugar a las 44 lenguas mayas
modernas. Hablar de los "antiguos mayas" es referirse a la historia
de una de las culturas mesoamericanas precolombinas más importantes, pues su
legado científico y astronómico es mundial. Contrariamente a una creencia muy
generalizada, la civilización maya nunca "desapareció". Por lo menos,
no por completo, pues sus descendientes aún viven en la región y muchos de
ellos hablan alguno de los idiomas de la familia mayense.
La literatura maya ilustra la vida de esta
cultura. Obras como el Rabinal Achí, el Popol Vuh, los diversos libros del
Chilam Balam, son muestra de ello. Lo que sí fue destruido con la conquista es
el modelo de civilización que hasta la llegada de los primeros españoles, había
generado tres milenios de historia.
La conquista española de los pueblos mayas no
se consumó hasta 1697, con la toma de Tayasal, capital de los mayas Itzá, y
Zacpetén, capital de los mayas Ko'woj, en el Petén (actual Guatemala). El
último estado maya desapareció cuando el gobierno mexicano de Porfirio Díaz
ocupó en 1901 su capital, Chan Santa Cruz, dando así fin a la denominada Guerra
de Castas.
Los mayas hicieron grandes e impresionantes
construcciones desde el Preclásico medio y grandes ciudades como Nakbé, El
Mirador, San Bartolo, Cival, localizadas en la Cuenca del Mirador, en el norte
del Petén, y durante el preClásico, las conocidas ciudades de Tikal, Quiriguá
(ambas las primeras en ser declaradas Patrimonio de la Humanidad por la Unesco,
en 1979 y 1981 respectivamente), Palenque, Copán, Río Azul, Calakmul,
Comalcalco (construida de ladrillo cocido), así como Ceibal, Cancuén,
Machaquilá, Dos Pilas, Uaxactún, Altún Ha, Piedras Negras y muchos otros sitios
en el área. Se puede clasificar como un imperio, pero no se sabe si al momento
de colonizar impusieron su cultura o si fue un fruto de su organización en
ciudades-estado independientes cuya base eran la agricultura y el comercio. Los
monumentos más notables son las pirámides que construyeron en sus centros
religiosos, junto a los palacios de sus gobernantes (lugares de gobierno y
residencia de los nobles), siendo el mayor encontrado hasta ahora el de
Cancuén, en el sur del Petén, muchas de cuyas estructuras estaban decoradas con
pinturas murales y adornos de estuco. Otros restos arqueológicos importantes
incluyen las losas de piedra tallada usualmente llamadas estelas (los mayas las
llamaban tetún, ‘tres piedras’), que muestran efigies de los gobernantes junto
a textos logográficos que describen sus genealogías, entronizaciones, victorias
militares, y otros logros. La cerámica maya está catalogada como una de las más
variadas, finas y elaboradas del mundo antiguo.
Los mayas participaban en el comercio a larga
distancia en Mesoamérica, y posiblemente más allá. Entre los bienes de comercio
estaban el jade, el cacao, el maíz, la sal y la obsidiana.
Cultura
de Teotihuacán.
El yacimiento arqueológico de Teotihuacán
contiene los restos de la ciudad más antigua del continente americano, situado
en el municipio mexicano homónimo, 45 km al noreste de la actual ciudad de
México. El lugar fue ocupado por primera vez en los siglos I y II a.C. De ser
un pequeño asentamiento pasó a convertirse en una importante ciudad en el siglo
II d.C., hasta cerca del año 700 d.C. Se han formulado varias hipótesis para
explicar su decadencia y posterior abandono: disensiones internas, cambios climáticos,
o invasiones de pueblos del norte. Su población se dispersó por la región
central de México y también en lugares apartados, llegando algunos a
establecerse en los países que en la actualidad son los de El Salvador y
Nicaragua. La ciudad ocupaba una superficie muy amplia, 21 km2, y llegó a estar
poblada por 125.000 habitantes siendo considerada ya en ese entonces una de las
ciudades más grandes del mundo. Sus notables monumentos incluyen las Pirámides
del Sol y de la Luna, unas de las edificaciones más grandes jamás construidas,
la Ciudadela, el templo de Quetzalcóatl y la Avenida de los Muertos, que es una
amplia vía flanqueada por los restos de antiguos templos de casi 2.000 m de
longitud. Los muros de algunos de ellos están decorados con frescos de color
que representan temas mitológicos o religiosos. El conjunto de las casas seguía
un trazado urbanístico en forma de cuadrícula que rodeaba el centro monumental
de la ciudad. Los habitantes de Teotihuacán, que, en realidad, fue una
verdadera ciudad-estado, tuvieron estrechos contactos con la contemporánea
cultura maya del Yucatán y de Guatemala, y su cultura ejerció una importante
influencia en posteriores civilizaciones mexicanas como la de los aztecas.
Cultura
tolteca.

Los toltecas (en nahuatl, ‘maestros
constructores’), pueblo nativo de México que emigró desde el norte de lo que
ahora es México, tras la decadencia (en torno al año 700 d.C.) de la gran
ciudad de Teotihuacán, y que estableció un estado militar en Tula, a 64 km al
norte de la moderna Ciudad de México, en el siglo X d.C. Se pensó que su
llegada marcó el cenit del militarismo en Mesoamérica, puesto que el ejército
tolteca empleó su mayor potencia para dominar las sociedades vecinas. El pueblo
tolteca creó una refinada cultura, que incluía conocimientos sobre la fundición
del metal, el trabajo de la piedra, la destilación y la astronomía. Su
arquitectura y su arte reflejan influencias de Teotihuacán y de la cultura
olmeca.
Los restos de Tula, a veces llamada Tollan
Xicocotitlán, incluyen tres templos piramidales, de los cuales el más grande
está rematado por columnas de 4,6 m de altura en forma de estilizadas figuras
humanas conocidos como "atlantes" (guerreros); se cree que estaba
dedicado a Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, deidad que los toltecas
adaptaron de culturas anteriores y la adoraron como el dios del planeta Venus.
Según la leyenda, un dios rival tolteca Tezcatipotla, hizo que Quetzalcóatl y
sus seguidores abandonaran Tula en torno al año 1000 d.C. Se desplazaron al sur
y posteriormente desarrollaron la ciudad maya de Chichén Itzá, convirtiéndola
en su capital y en un importante centro religioso. La civilización tolteca
decayó en el siglo XII, cuando los chichimecas, junto con otros pueblos
indígenas, invadieron el valle central y saquearon Tula. Los toltecas del sur
fueron absorbidos por los mayas, a los que habían conquistado anteriormente.
Hacia el siglo XIII la caída de Tula y del poder tolteca abrió el camino para
la ascensión de los aztecas.
Cultura
zapoteca.
Los zapotecas fueron uno de los pueblos que
tuvieron un papel muy importante en el desarrollo cultural de Mesoamérica.
Establecidos por lo menos desde un milenio antes de la era cristiana en la
sierra, valle central y en el istmo de Tehuantepec, Oaxaca, los zapotecas recibieron
la influencia de los olmecas. Eran éstos los creadores de la cultura madre que
comenzó a florecer en las costas del golfo de México, en la región limítrofe de
los actuales estados mexicanos de Veracruz y Tabasco.
Hacia el siglo VI a.C. los zapotecas estaban
en posesión de un sistema calendárico y también de una forma de escritura. De
ello dan testimonio las centenares de estelas con inscripciones que se
conservan en el centro ceremonial de Monte Abán. Dichas estelas se conocen como
de ‘los danzantes’, ya que las posturas de las figuras humanas con las que se
registran tales inscripciones, mueven a pensar que están bailando. En esa
primera etapa del desarrollo zapoteca comenzaron a construirse tumbas de cajón
o rectangulares en las que aparecen ofrendas y representaciones del dios de la
lluvia conocido como Cocijo, deidad que habría de tener un lugar muy importante
en el panteón zapoteca.
En los siglos siguientes, según los datos
proporcionados por la arqueología, pueden distinguirse varios períodos de
ulterior desarrollo. En el que abarca desde el 300 a.C. hasta el 100 d.C., se
dejó sentir la presencia de algunos elementos que más tarde se desarrollarían
con mayor fuerza entre los mayas. De esa época provienen asimismo edificaciones
más suntuosas, entre ellas las de varios juegos de pelota y algunos templos en
Monte Albán y en otros lugares de Oaxaca como Yagul, Teotitlán, y Zaachila.
A ese período siguió el del auge de la
cultura zapoteca entre el año 100 d.C. y el 800 d.C. Coincidió con el esplendor
de Teotihuacán en la región central. Fue entonces cuando el centro de Monte
Albán llegó a su máximo florecimiento. De ello dan fe los templos, palacios,
adoratorios, plazas, juegos de pelota y otras edificaciones que allí pueden
contemplarse. Además de Cocijo, dios de la lluvia, se adoraba a la pareja de
dioses creadores llamados Pitao Cozaana y Pitao Nohuichana, representación de
la dualidad que también aparece en las otras regiones de Mesoamérica. En este
período de esplendor se consolida la presencia zapoteca en los ya mencionados
Yagul y Zaachila, y en otros muchos lugares como Huajuapan, Juchitán, Piedra
Labrada y algunos ya situados en los actuales territorios de Puebla y Guerrero.
Al período de esplendor siguió uno de franca
decadencia. Otro grupo étnico, el de los mixtecos, ocupó su principal centro
ceremonial y se impuso en gran parte del territorio oaxaqueño. Los zapotecas, a
veces sometidos a los mixtecos y en ocasiones aliados con ellos, establecieron
su ciudad principal en Zaachila. A pesar de su decadencia, los zapotecas
lograron conservar en parte su independencia y salir victoriosos en varias
guerras que tuvieron contra grupos vecinos y oponiendo resistencia a los
intentos de los mexicas o aztecas que trataban de sojuzgarlos. Tan sólo la conquista
española puso fin a la existencia autónoma zapoteca.
Descendientes de los antiguos pobladores de
diversos lugares de la sierra, de los valles centrales y la costa de Oaxaca,
los zapotecas contemporáneos, a pesar de haber vivido por siglos marginados y
depauperados, han conservado muchas de sus tradiciones, formas de vida,
creencias y organización social. Elemento que les confiere profundo orgullo es
el hecho de que un zapoteca serrano, Benito Juárez , no sólo haya sido
presidente de la República sino el máximo defensor de ella frente a la
intervención francesa que, promovida por Napoleón III, fue victoriosamente
rechazada.
Tanto por las variantes que existen en su
lengua como por sus formas de vida y condiciones económicas, los zapotecas
ostentan considerables diferencias entre sí. Así, en tanto que perdura su
aislamiento y pobreza en muchos lugares de la sierra, hay en cambio zapotecas
en la región del istmo de Tehuantepec cuyos niveles de vida son comparables a
los de la población no indígena. Entre éstos últimos zapotecas pervive, no
obstante, su sentido de identidad cultural y el empleo de la lengua que es
además objeto de cultivo y vehículo de expresión literaria, tanto en cantos y
poemas como en la narrativa. La acentuada fisonomía cultural de los zapotecas
del istmo es perceptible de muchas formas. Una de ellas la ofrece la gracia y
altivez de sus mujeres, las célebres tehuanas, con sus característicos tocados
y sus ricas joyas.
Los zapotecas contemporáneos, herederos del
rico legado cultural de sus antepasados, constituyen uno de los grupos étnicos
más grandes de México. De acuerdo con el censo de 1990, se acercaban al medio
millón de personas.
Cultura
mixteca.
El pueblo amerindio de los mixtecos de la
familia lingüística otomanque, habitante de los actuales estados mexicanos de
Oaxaca, Guerrero y Puebla. La cultura mixteca floreció en el sur de México
desde el siglo IX hasta principios del XVI y sus miembros fueron los artesanos
más famosos de México. Sus trabajos en piedra y en diferentes metales nunca
fueron superados. Entre sus especialidades se podían citar los mosaicos de
plumas, la alfarería polícroma decorada y el tejido y bordado de telas.
Las contribuciones más importantes de los
mixtecos son: los registros pictográficos en códices hechos sobre piel de
venado de la historia militar y social que narran aspectos del pensamiento
religioso, de los hechos históricos y de los registros genealógicos de su
cultura; la orfebrería, cuyas muestras como pectorales, narigueras, anillos o
aretes, demuestran que manejaron con maestría el oro trabajado con la técnica
de la cera perdida, así como el labrado del alabastro, el jade, la turquesa y
la obsidiana, entre otros. Las piezas más notables que se conocen proceden de
los enterramientos de Monte Albán, descubiertos por el arqueólogo Alfonso Caso,
y se exhiben en el Museo Regional de Oaxaca. Otros legados mixtecos son: un
calendario análogo al utilizado por los aztecas y sus técnicas agrícolas.
Entre los siglos XI y XII de nuestra época,
los mixtecos adoptaron una influencia tolteca cuya característica civilizadora
los motivó a buscar asentamientos más estables que los que habían tenido; se
dedicaron a dominar a los zapotecas por medio de invasiones de sus tierras,
guerras y alianzas políticas por matrimonios. De ese modo se apoderaron, por
ejemplo, de Monte Albán, que había sido abandonada por los zapotecas y los
mixtecos convirtieron en necrópolis, enriqueciendo notablemente sus monumentos
funerarios. Tanto en esa ciudad, como en Mitla, aportaron conceptos
arquitectónicos evolucionados como las grecas geométricas de piedras
ensambladas que adornan los palacios. Otras ciudades zapotecas de las que se
apoderaron los mixtecos son Zaachila y Yagul, también en el estado de Oaxaca,
con las que se complementa el conjunto del impresionante legado de estas
culturas. Los mixtecos influyeron en el declive de la civilización maya en el
sur, y permanecieron independientes de los aztecas en el norte. Es posible que
la población mixteca actual ronde el medio millón de personas, distribuidas en
3 regiones principales: la Mixteca Alta (en las zonas frías de la sierra Madre
del Sur), la Mixteca Baja (siguiendo el curso del río Atoyac) y la costa
(estados de Oaxaca y Guerrero).
Aztecas
Los aztecas o mexicas fueron un pueblo que
dominó el centro y sur del actual México, en Mesoamérica, desde el siglo XIV
hasta el siglo XVI y que es famoso por haber establecido un vasto imperio
altamente organizado, destruido por los conquistadores españoles y sus aliados
tlaxcaltecas. Algunas versiones señalan que el nombre de ‘azteca’ proviene de
un lugar mítico, situado posiblemente al norte de lo que hoy en día es México,
llamado Aztlán; más tarde se autodenominaron mexicas.
Orígenes:
Tras la caída de la civilización tolteca que
había florecido principalmente en Tula entre los siglos X y XI, oleadas de
inmigraciones inundaron la meseta central de México, alrededor del lago de
Texcoco. Debido a su tardía aparición en el lugar, los aztecas-mexicas se
vieron obligados a ocupar la zona pantanosa situada al oeste del lago. Estaban
rodeados por enemigos poderosos que les exigían tributos, y la única tierra
seca que ocupaban eran los islotes del lago de Texcoco, rodeados de ciénagas.
El hecho de que, desde una base tan poco
esperanzadora, los aztecas fueran capaces de consolidar un imperio poderoso en
sólo dos siglos, se debió en parte a su creencia en una leyenda, según la cual
fundarían una gran civilización en una zona pantanosa en la que vieran un nopal
(cactus) sobre una roca y sobre él un águila devorando una serpiente. Los
sacerdotes afirmaron haber visto todo eso al llegar a esta zona; como reflejo
de la continuidad de esa tradición, hoy en día esa imagen representa el símbolo
oficial de México que aparece, entre otros, en los billetes y monedas.
Al aumentar en número, los aztecas establecieron
organizaciones civiles y militares superiores. En 1325 fundaron la ciudad de
Tenochtitlán (ubicada donde se encuentra la actual ciudad de México, capital
del país).
La capital del imperio azteca:
Los aztecas convirtieron el lecho del lago,
que era poco profundo, en chinampas (jardines muy fértiles, construidos con un
armazón de troncos que sostenían arena, grava y tierra de siembra, atados con
cuerdas de ixtle, para lograr islas artificiales donde se cultivaban verduras y
flores y se criaban aves domésticas). Se hicieron calzadas y puentes para
conectar la ciudad con tierra firme; se levantaron acueductos y se excavaron
canales por toda la ciudad para el transporte de mercancías y personas. Las
construcciones religiosas —gigantescas pirámides escalonadas recubiertas de
piedra caliza y estuco de vivos colores, sobre las que se construían los
templos— dominaban el paisaje.
La ciudad floreció como resultado de su
ubicación y del alto grado de organización. En la época en la que los
españoles, capitaneados por Hernán Cortés (1485-1547), comenzaron la conquista
en 1519, el gran mercado de Tlatelolco atraía a unas 60.000 personas diarias.
Las mercancías llegaban a manos aztecas gracias a los acuerdos sobre tributos
establecidos con los territorios conquistados. Muchas de esas mercancías se
exportaban a otras zonas del Imperio azteca y a América Central.
La confederación azteca:
Los aztecas-mexicas establecieron alianzas
militares con otros grupos, logrando un imperio que se extendía desde México
central hasta la actual frontera con Guatemala. A principios del siglo XV
Tenochtitlán gobernaba conjuntamente con las ciudades-estado de Texcoco y
Tlacopan (más tarde conocida como Tacuba y en la actualidad perteneciente a
ciudad de México) bajo la denominación de la Triple Alianza. En un período de
unos 100 años los aztecas lograron el poder total y, aunque las demás
ciudades-estado continuaron llamándose reinos, se convirtieron en meros títulos
honoríficos. Al final del reinado de Moctezuma II, en 1520, se habían
establecido 38 provincias tributarias; sin embargo, algunos pueblos de la
periferia del Imperio azteca luchaban encarnizadamente por mantener su
independencia. Estas divisiones y conflictos internos en el seno del Imperio
azteca facilitaron su derrota frente a Cortés en 1521, ya que muchos pueblos se
aliaron con los españoles. Además de los problemas internos que contribuyeron a
su caída, el emperador Moctezuma había dado una bienvenida pacífica a Cortés y
lo instaló junto a sus capitanes en los mejores palacios, desde donde se
hicieron con la ciudad.
Es posible que la interpretación de antiguos
presagios sobre el regreso del dios Quetzalcóatl indujera a Moctezuma a
confundirlo con Cortés, si bien lo que más interesaba al emperador era colmar
de regalos a los españoles para que se retiraran.
Sociedad y religión aztecas:
La sociedad azteca estaba dividida en tres
clases: esclavos, plebeyos y nobles. El estado de esclavo era similar al de un
criado contratado. Aunque los hijos de los pobres podían ser vendidos como
esclavos, solía hacerse por un período determinado. Los esclavos podían comprar
su libertad y los que lograban escapar de sus amos y llegar hasta el palacio
real sin que los atraparan obtenían la libertad inmediatamente. A los plebeyos
o macehualtin se les otorgaba la propiedad vitalicia de un terreno en el que
construían su casa. Sin embargo, a las capas más bajas de los plebeyos
(tlalmaitl), no se les permitía tener propiedades y eran campesinos en tierras
arrendadas. La nobleza estaba compuesta por los nobles de nacimiento, los
sacerdotes y los que se habían ganado el derecho a serlo (especialmente los
guerreros). En la religión azteca numerosos dioses regían la vida diaria. Entre
ellos Huitzilopochtli (deidad del Sol), Coyolxahuqui (la diosa de la Luna que,
según la mitología azteca, era asesinada por su hermano el dios del Sol),
Tláloc (deidad de la lluvia) y Quetzalcóatl (inventor de la escritura y el
calendario, asociado con el planeta Venus y con la resurrección). Los
sacrificios, humanos y de animales, eran parte integrante de la religión
azteca. Para los guerreros el honor máximo consistía en caer en la batalla u
ofrecerse como voluntarios para el sacrificio en las ceremonias importantes.
Las mujeres que morían en el parto compartían el honor de los guerreros.
También se realizaban las llamadas guerras floridas con el fin de hacer
prisioneros para el sacrificio. El sentido de la ofrenda de sangre humana (y en
menor medida de animales) era alimentar a las deidades solares para asegurarse
la continuidad de su aparición cada día y con ella la permanencia de la vida
humana, animal y vegetal sobre la Tierra.
Los aztecas utilizaban la escritura
pictográfica grabada en papel o piel de animales. Todavía se conserva alguno de
estos escritos, llamados códices. También utilizaban un sistema de calendario
que habían desarrollado los antiguos mayas. Tenía 365 días, divididos en 18
meses de 20 días, a los que se añadían 5 días ‘huecos’ que se creía que eran
aciagos y traían mala suerte. Utilizaban igualmente un calendario de 260 días
(20 meses de 13 días) que aplicaban exclusivamente para adivinaciones.
La educación era muy estricta y se impartía
desde los primeros años. A las mujeres se les exhortaba a que fueran discretas
y recatadas en sus modales y en el vestir y se les enseñaban todas las
modalidades de los quehaceres domésticos que, además de moler y preparar los
alimentos, consistían en descarozar el algodón, hilar, tejer y confeccionar la
ropa de la familia. A los hombres se les inculcaba la vocación guerrera. Desde
pequeños se les formaba para que fueran fuertes, de modo que los bañaban con
agua fría, los abrigaban con ropa ligera y dormían en el suelo. A la manera de
los atenienses de la Grecia clásica, se procuraba fortalecer el carácter de los
niños mediante castigos severos y el fomento de los valores primordiales como
amor a la verdad, la justicia y el deber, respeto a los padres y a los
ancianos, rechazo a la mentira y al libertinaje, misericordia con los pobres y
los desvalidos. Los jóvenes aprendían música, bailes y cantos, además de
religión, historia, matemáticas, interpretación de los códices, artes
marciales, escritura y conocimiento del calendario, entre otras disciplinas.
La higiene de los aztecas:
Cada casa azteca tenía su temascal o baño de
vapor. Es que los aztecas eran gentes muy limpias y se bañaban todos los días,
antes de trabajar. El temascal (que no era un invento azteca, porque ya lo
usaban antes los totonecas) era una pequeña habitación donde se calentaban
piedras con fuego y después se le echaba agua. Así se formaba en seguida mucho
vapor, que empapaba al que estaba adentro, quien aprovechaba para frotarse bien
el cuerpo con una especie de jabón hecho con las raíces de un árbol llamado
copalxocotl, que hacía espuma. Esta costumbre de la higiene la tenían todos los
aztecas —campesinos o nobles, artesanos o comerciantes, menos los sacerdotes
que no se podían bañar nunca— y fue otra de las cosas que llamaron mucho la
atención de los españoles, para quienes en la época de la conquista y
colonización de América (siglos XV-XVIII) el baño no era precisamente una
actividad muy frecuente que digamos.
Cultura
chichimeca
Chichimecas es el nombre que dieron los
pueblos de alta cultura de la región central de México a los habitantes de las
vastas regiones del norte, tenidos como primitivos. En idioma náhuatl la
palabra chichimeca parece significar ‘los del linaje de los perros’. De acuerdo
con varios testimonios procedentes del siglo XVI, había tres clases principales
de chichimecas. Unos eran de filiación étnica otomí. Otros eran nahuas que, en
tiempos antiguos, se habían establecido en el norte, incluyendo algunos que
llegaron a constituir avanzadas de la alta cultura mesoamericana. Finalmente,
estaban los chichimecas propiamente dichos, es decir los tenidos como bárbaros,
seminómadas dedicados a la cacería y a la recolección. En la actualidad
sobrevive un pequeño grupo conocido como el de los chichimecas-jonaz en el
pueblo llamado La Misión, cerca de San Luis de la Paz, en Guanajuato.
De acuerdo con varios códices indígenas,
entre ellos el conocido como Xolotl a mediados del siglo XIII d.C., cuando ya
los toltecas habían abandonado su metrópoli de Tula, los chichimecas
capitaneados por su caudillo Xolotl, avanzaron hacia el valle de México.
Establecidos en varios lugares del mismo, entraron en contacto con los pueblos
sedentarios de alta cultura que allí moraban. Se produjo entonces un intenso
proceso de aculturación en función del cual los chichimecas cambiaron sus
formas de vida y asimilaron las de aquéllos con quienes convivían. Surgieron
así varios señoríos, entre ellos los de Azcapotzalco, Tezcoco, Huexotla y
Coatlinchan. A los gobernantes de ellos se les nombró con frecuencia señores
tolteca-chichimecas, destacando así que habían recibido el doble legado de los
pueblos sedentarios y de aquéllos procedentes del norte. Así, el término
'chichimeca' fue adquiriendo nuevas connotaciones culturales.
Respecto de los otros grupos que
permanecieron en el norte con sus antiguas formas de vida, en particular los de
filiación pame, antepasados de los chichimeca-jonaz, puede decirse que
subsistieron al margen de la civilización durante buena parte del período
colonial. Fundadas ya las ciudades de Guadalajara y Zacatecas, esos chichimecas
continuaron siendo una amenaza ya que atacaban a los pueblos y asaltaban a los
que atravesaban los caminos. En 1541 se produjo un gran levantamiento, conocido
como la guerra del Miztón. Esta llegó a poner en jaque a la región
septentrional de la Nueva España. Para sofocar la rebelión marchó en persona el
virrey Antonio de Mendoza. Poco antes, Pedro de Alvarado, había intentando
sujetar a los rebeldes perdiendo la vida en su intento. El virrey Mendoza logró
su pacificación, aunque sólo temporalmente. Diversos grupos chichimecas en los
territorios de los actuales estados de Guanajuato, Aguascalientes, Zacatecas,
San Luis Potosí, Jalisco y Durango se mantuvieron en actitud hostil por mucho
tiempo. Ello movió a las autoridades españolas a erigir presidios, es decir
fuertes en lugares estratégicos. Algunos se transformaron más tarde en ciudades
como las de San Miguel el Grande (hoy día San Miguel de Allende), Ojuelos,
Celaya, Portezuelos, Colotlán, Nombre de Dios y otros. En el proceso de
pacificación de los chichimecas participaron frailes franciscanos que
establecieron entre ellos algunas misiones, también algunos capitanes mestizos
como el célebre Miguel Caldera. Otro factor importante en la pacificación fue
la creación de colonias de indígenas tlaxcaltecas, antecedente de varias
poblaciones. Hacia fines del período colonial la mayor parte de los chichimecas
o se había amestizado con los tlaxcaltecas y españoles o había desaparecido
como consecuencia de los enfrentamientos bélicos y las epidemias.





No hay comentarios:
Publicar un comentario